Dos colgantes para dos días diferentes.
Para los que leyeron la pasada Órbita Semanal, sabían que venía mi fiesta de graduación, pero no había dado mención alguna de mi licenciatura, que fue solo un día antes. Aquí voy a tratar de contarles con lujo de detalles como fueron las dos ocasiones, que sé que siempre guardaré en mi corazón. Ay, me puse mamona.
Primero: lloré en la licenciatura. Debo decirlo, no me averguenzo, y por suerte en ninguna de las fotos salgo con una cara de demacración total. Siempre estuve en el mismo colegio, desde los cuatro años, lo que significó catorce años en una sede que ahora me estaba despidiendo. Por favor, era imposible que no soltara al menos una lágrima. Me gané dos diplomas, uno por trayectoria y uno por promedio final. Quería ganarme el de Inglés pero ya fue, lo ganó mi mejor amiga y estoy muy feliz por ella.
Lo que más recuerdo es haberme sentido inmensamente observada. Sabía que cada acción que llevaba a cabo iba a ser una futura foto, así que, cuando lloraba, lo hacía mirando hacia atrás. Que inteligente soy, eh. También, fui la primera en salir del escenario. Dije "ya, estoy bien, todo está bien, estamos controladas, ya pasó, todos lloran", hasta que llegué a los brazos de mi madrina y no pude hablar, solo sollozar. Abortar misión. Estaba toda mi familia junto a mis mejores amigos, y sentir sus aplausos cuando me nombraron para entregarme la licencia fue muy lindo.
Y así, al día siguiente, llegamos a la fiesta de graduación. Donde ocurrió un hecho algo curioso, por decir lo menos. Déjenme darles algo de background information: Yo tuve una relación con un compañero de curso (si están pensando en hacerlo, por favor, abortar misión). Duramos tres años y diez meses, hasta que en Agosto, yo le dije que no más, por un simple capricho. A los cuatro días lo volví a buscar y ya nada fue lo mismo. La cosa es que seguíamos hablando intermitentemente, ustedes ya saben lo que significa eso, hasta este miércoles que me contó que estaba con alguien, mientras seguía hablando conmigo.
Bueno, siempre dijimos que íbamos a ir juntos a la fiesta de graduación. Por eso mismo, yo decidí invitar a mis dos mejores amigos. Pero, escuchen esto: él llegó con la otra. Y de la mano. Comprenderán que fallaron todos los sistemas de mi cuerpo. Debo decir que solté una lágrima, pero cuando mi mejor amiga me recordó lo caro que me había salido el maquillaje, decidí no llorar más. Y también, no mirarlo por lo que quedaba de la noche, porque ni mi mirada se merecía. Y eso hice.
¿Adivinen quién se pasó toda la noche mirándome mientras yo la pasaba tan bien que hasta tengo lagunas mentales? Exactamente, él. Pobre hombre, se ponía a bailar estratégicamente con esa chacabana para poder mirarme bailar con mis amigos y yo, siempre viva, le daba la espalda, porque me importaba más mirar la barra abierta de alcohol que su cara. Donde yo iba, él iba. Mis amigas me decían todo el rato "te está mirando, te está mirando". Y yo pensaba: que mire nomás, total, ya no puede tocar. Me ha hecho lo mismo ya dos veces, y siempre se arrepiente y vuelve a hablarme pero, esta vez, cuando lo haga, no responderé.
Bueno, dejando a los problemitas de lado, puedo decir que la pasé excelente en mi fiesta de graduación. Bailé muchísimo, tomé muchísimo (pero siempre responsablemente, eh; niños, no lo intenten en casa) y me reí muchísimo. Tener a mis papás y a mis mejores amigos ahí, conmigo, acompañándome en el final del camino como siempre soñé me hizo emocionar más de una vez durante la fiesta. Han pasado dos días y aún no recupero mi cuerpito del todo, creo que debería ir a Urgencias por dolores musculares por mucho bailar. Eso sí que es entregar la vida por tu educación.
Les dejo una foto de mi manicure, que estaba preciosa.
¿Cómo fue su fiesta de graduación? ¿Ya la tuvieron?
♡

