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domingo, 14 de diciembre de 2014

Vida: Licenciatura y Fiesta

Dos colgantes para dos días diferentes.

Para los que leyeron la pasada Órbita Semanal, sabían que venía mi fiesta de graduación, pero no había dado mención alguna de mi licenciatura, que fue solo un día antes. Aquí voy a tratar de contarles con lujo de detalles como fueron las dos ocasiones, que sé que siempre guardaré en mi corazón. Ay, me puse mamona.

Primero: lloré en la licenciatura. Debo decirlo, no me averguenzo, y por suerte en ninguna de las fotos salgo con una cara de demacración total. Siempre estuve en el mismo colegio, desde los cuatro años, lo que significó catorce años en una sede que ahora me estaba despidiendo. Por favor, era imposible que no soltara al menos una lágrima. Me gané dos diplomas, uno por trayectoria y uno por promedio final. Quería ganarme el de Inglés pero ya fue, lo ganó mi mejor amiga y estoy muy feliz por ella. 

Lo que más recuerdo es haberme sentido inmensamente observada. Sabía que cada acción que llevaba a cabo iba a ser una futura foto, así que, cuando lloraba, lo hacía mirando hacia atrás. Que inteligente soy, eh. También, fui la primera en salir del escenario. Dije "ya, estoy bien, todo está bien, estamos controladas, ya pasó, todos lloran", hasta que llegué a los brazos de mi madrina y no pude hablar, solo sollozar. Abortar misión. Estaba toda mi familia junto a mis mejores amigos, y sentir sus aplausos cuando me nombraron para entregarme la licencia fue muy lindo. 

Y así, al día siguiente, llegamos a la fiesta de graduación. Donde ocurrió un hecho algo curioso, por decir lo menos. Déjenme darles algo de background information: Yo tuve una relación con un compañero de curso (si están pensando en hacerlo, por favor, abortar misión). Duramos tres años y diez meses, hasta que en Agosto, yo le dije que no más, por un simple capricho. A los cuatro días lo volví a buscar y ya nada fue lo mismo. La cosa es que seguíamos hablando intermitentemente, ustedes ya saben lo que significa eso, hasta este miércoles que me contó que estaba con alguien, mientras seguía hablando conmigo.

Bueno, siempre dijimos que íbamos a ir juntos a la fiesta de graduación. Por eso mismo, yo decidí invitar a mis dos mejores amigos. Pero, escuchen esto: él llegó con la otra. Y de la mano. Comprenderán que fallaron todos los sistemas de mi cuerpo. Debo decir que solté una lágrima, pero cuando mi mejor amiga me recordó lo caro que me había salido el maquillaje, decidí no llorar más. Y también, no mirarlo por lo que quedaba de la noche, porque ni mi mirada se merecía. Y eso hice.

¿Adivinen quién se pasó toda la noche mirándome mientras yo la pasaba tan bien que hasta tengo lagunas mentales? Exactamente, él. Pobre hombre, se ponía a bailar estratégicamente con esa chacabana para poder mirarme bailar con mis amigos y yo, siempre viva, le daba la espalda, porque me importaba más mirar la barra abierta de alcohol que su cara. Donde yo iba, él iba. Mis amigas me decían todo el rato "te está mirando, te está mirando". Y yo pensaba: que mire nomás, total, ya no puede tocar. Me ha hecho lo mismo ya dos veces, y siempre se arrepiente y vuelve a hablarme pero, esta vez, cuando lo haga, no responderé.

Bueno, dejando a los problemitas de lado, puedo decir que la pasé excelente en mi fiesta de graduación. Bailé muchísimo, tomé muchísimo (pero siempre responsablemente, eh; niños, no lo intenten en casa) y me reí muchísimo. Tener a mis papás y a mis mejores amigos ahí, conmigo, acompañándome en el final del camino como siempre soñé me hizo emocionar más de una vez durante la fiesta. Han pasado dos días y aún no recupero mi cuerpito del todo, creo que debería ir a Urgencias por dolores musculares por mucho bailar. Eso sí que es entregar la vida por tu educación.

Les dejo una foto de mi manicure, que estaba preciosa.

¿Cómo fue su fiesta de graduación? ¿Ya la tuvieron?

lunes, 1 de diciembre de 2014

Vida: P.S.U, Prueba Sin Utilidad

Nada mejor que empezar el blog con lápices.

Hoy dí la Prueba de Selección Universitaria. Debo decir que ese nombre es mucho más intimidante que un simple 'P.S.U'. Lo que tampoco sería tan terrible, si decidiéramos obviar el hecho de que la esperé por catorce años (sí, tuve pre-kinder y kinder en el colegio, soy de las elegidas). La primera parte de esos años la pasé ignorando la existencia del exámen, la segunda cagándome de miedo, y la tercera preguntándome por qué rayos y centellas tenemos una prueba tan, pero tan mala para decidir nuestro futuro en el ámbito de educación superior. Y así fue como llegó el día.

Me desperté cómo si hubiera carreteado el día anterior, pero la verdad es que me había costado dormir y, a las una, seguía con los ojos abiertos y la cabeza dándome vueltas en 360° como los buhos. Mi mamá me mandó cuanto link de consejos escritos por progenitoras de cuarenta hacia arriba encontró, así que eso me entretuvo un poco en las horas de la madrugada. Mala desición. Estuve como zombie los primeros treinta minutos, hasta que un chorro de agua fría directo a la pupila me hizo despertar. Me vestí, arreglé, junté mis cosas, confirmé que la amiga que se juntaría conmigo realmente se juntaría conmigo, y me senté en mi cama.

Si hay una cosa que deben saber de mí, es que soy una firme creyente de la Ley de Atracción, por lo que cerré mis ojitos y le pedí al Universo, Dios, Allah, Kurt Cobain y Chespirito que me iluminaran el camino hacia los ansiados 850 puntos. Luego de otros momentos de ocio, tomé mi lápiz, mi carnet, mi tarjeta de identificación, el chocolate 70% cacao y mi fe, y partí. El viaje hacia la sede no lo voy a tocar porque fue básicamente yo hiperventilando y mi papá calmándome. Cuando llegamos, me dio un beso, tomó mis cosas y se fue.

Y ahí me quedé. Hablé un rato con los amigos con los que tenía que compartir sede, tomé agua, contemplé el suicidio, me imaginé mis 850 y, antes de que supiera, me estaban haciendo entrar a una sala donde tenía un puesto especial con mi nombre marcado (cosa que encontré super tierna, no sé por qué, me sentí como la Presidenta). Era la hora de la verdad, del redoble de tambores. La voz del Rafa Araneda diciendo "¡LLEGÓ EL MOMENTO!" resonó en mi cabeza, y le dí a la prueba.

Puta que estaba fácil, cabros.

Pasé como cuatro años queriendo meterme a las Siervas de Jesús para tratar de evitar una prueba que, yo pensaba, era igualita a sentarse a un centimetro de un león. A pesar de que mi repudio hacia la forma que la sociedad tiene de medir nuestra aptitudes para nuestra futura carrera prevalece, puedo respirar tranquila y saber que, a pesar de que Matemática me dará mil patadas en mis pompas e Historia va a poner en peligro de extinción mis reservas de energía, yo puedo con esta. Ninguna prueba me la ganará ni me quitará el sueño ni me pondrá un valor determinado.

He dicho.