Mostrando las entradas con la etiqueta chile. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta chile. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de diciembre de 2014

D.I.Y: Uñas super duper fáciles


Iba a hacer más puntitos de colores, pero se me echaron a perder. Lloremos.

Si son como yo, a veces les gusta meterse al tag #nailart de Instagram y flipar (joder) viendo como la gente puede hacer diseños tan difíciles y originales. Después, una misma trata de hacerlos y termina sacándolo con el concho de quitaesmalte porque es mejor salir con la uña rota que con tanta maraña de colores y líneas sin sentido.

Por eso mismo se me ocurrió hacer un tutorial ultra super duper fácil, para todas aquellas que queremos pensar que tenemos un talento innato para con los esmaltes y que fácilmente podríamos trabajar en la peluquería de Sebastián Ferrer. En todo caso, no se rían: hasta un par de puntitos abandonados pueden mejorar el look un 500%, porque la gente piensa que nos dimos la paja de hacer meticulosamente cada puntito, no saben ná que se hacen solos.

Bueno, empecemos. Primero que nada es tomar un esmalte de base. Yo usé Sweet Hook de China Glaze, porque el color es lindo y porque cada vez que lo uso la gente me queda mirando las uñas, no sé por qué. Quizás es más feo que la cresta y estoy puro molestando. Me lo compré en el Costanera Center una vez que anduve turisteando; recuerden que soy provinciana. Estaba en oferta.


Luego de elegir nuestro esmalte, nos pintamos las uñas, dah. Si quieren ir a comprar el bonito esmalte, les recomiendo ponerse dos capas, porque a la primera le pasaba eso que le pasa a los esmaltes derrepente que se ven como transparentes, y me carga. He llegado a poner hasta tres capas de puro maniática. Dios me libre.


Ahora descansamos, porque pintarse las uñas requiere de una concentración y una paciencia casi ancestrales y nadie me va a decir lo contrario. Aquí me puse a teclear en el computador, porque es una técnica que he cachado que las uñas se secan más rápido. Es hora de sacar aquel aparato chino para hacer puntitos cuyo nombre no entiendo, pero vale $500 y hace maravillas.


Confirmen que funciona en algún papel sin utilidad, y hagan cinco puntitos siguiendo la línea de la uña desde la base. Traten de apretarlo una vez, porque sino sale mucha cosita y arruina todo. Después de eso, esperan que se seque, se echan una base de Top Coat o un brillo baratito de la feria artesanal y voila, hemos hecho un trabajo impresionante. 

¿Les gusta pintarse las uñas? ¿Tienen algún diseño que compartir? 

lunes, 1 de diciembre de 2014

Vida: P.S.U, Prueba Sin Utilidad

Nada mejor que empezar el blog con lápices.

Hoy dí la Prueba de Selección Universitaria. Debo decir que ese nombre es mucho más intimidante que un simple 'P.S.U'. Lo que tampoco sería tan terrible, si decidiéramos obviar el hecho de que la esperé por catorce años (sí, tuve pre-kinder y kinder en el colegio, soy de las elegidas). La primera parte de esos años la pasé ignorando la existencia del exámen, la segunda cagándome de miedo, y la tercera preguntándome por qué rayos y centellas tenemos una prueba tan, pero tan mala para decidir nuestro futuro en el ámbito de educación superior. Y así fue como llegó el día.

Me desperté cómo si hubiera carreteado el día anterior, pero la verdad es que me había costado dormir y, a las una, seguía con los ojos abiertos y la cabeza dándome vueltas en 360° como los buhos. Mi mamá me mandó cuanto link de consejos escritos por progenitoras de cuarenta hacia arriba encontró, así que eso me entretuvo un poco en las horas de la madrugada. Mala desición. Estuve como zombie los primeros treinta minutos, hasta que un chorro de agua fría directo a la pupila me hizo despertar. Me vestí, arreglé, junté mis cosas, confirmé que la amiga que se juntaría conmigo realmente se juntaría conmigo, y me senté en mi cama.

Si hay una cosa que deben saber de mí, es que soy una firme creyente de la Ley de Atracción, por lo que cerré mis ojitos y le pedí al Universo, Dios, Allah, Kurt Cobain y Chespirito que me iluminaran el camino hacia los ansiados 850 puntos. Luego de otros momentos de ocio, tomé mi lápiz, mi carnet, mi tarjeta de identificación, el chocolate 70% cacao y mi fe, y partí. El viaje hacia la sede no lo voy a tocar porque fue básicamente yo hiperventilando y mi papá calmándome. Cuando llegamos, me dio un beso, tomó mis cosas y se fue.

Y ahí me quedé. Hablé un rato con los amigos con los que tenía que compartir sede, tomé agua, contemplé el suicidio, me imaginé mis 850 y, antes de que supiera, me estaban haciendo entrar a una sala donde tenía un puesto especial con mi nombre marcado (cosa que encontré super tierna, no sé por qué, me sentí como la Presidenta). Era la hora de la verdad, del redoble de tambores. La voz del Rafa Araneda diciendo "¡LLEGÓ EL MOMENTO!" resonó en mi cabeza, y le dí a la prueba.

Puta que estaba fácil, cabros.

Pasé como cuatro años queriendo meterme a las Siervas de Jesús para tratar de evitar una prueba que, yo pensaba, era igualita a sentarse a un centimetro de un león. A pesar de que mi repudio hacia la forma que la sociedad tiene de medir nuestra aptitudes para nuestra futura carrera prevalece, puedo respirar tranquila y saber que, a pesar de que Matemática me dará mil patadas en mis pompas e Historia va a poner en peligro de extinción mis reservas de energía, yo puedo con esta. Ninguna prueba me la ganará ni me quitará el sueño ni me pondrá un valor determinado.

He dicho.