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lunes, 15 de diciembre de 2014

Órbita Semanal: #2


¡Hey! Hoy vuelvo con otra Órbita Semanal, y creo que terminaré haciéndolas los Lunes definitivamente, porque los Domingos siento que no tengo ánimo para dominar el mundo, mucho menos para comenzar a hacer un repaso semanal; y créanme que me cuestan, si tuviera que ser un solo personaje solo basándonos en la memorias, definitivamente sería Dory. 

I. Sostén push-up.

Para mi graduación quería lucir fenomenal, así que no es sorpresa que me surgiera la maravillosa idea de comprarme un sostén push-up, que al menos intentara hacer notar mis, eh, "atributos", entendiéndose por ésto que el Universo no quiso darme demasiado con qué trabajar en esa área. Por estos días, una de mis aplicaciones en el iPhone me envió una notificación. Se llama izit, y se las recomiendo a las chilenas, ya que consiste en cupones de descuento y oportunidades. La aplicación en sí me regaló $5.000 en una de las multitiendas, Ripley, así que fui en busca de mi bendito sosténsalvavidas. Comprenderán que allí necesité ayuda de mi madre y la vendedora, pero me decanté por un sostén Leonisa, que costaba $10.000. Luego de usarlo, puedo decir que me encantó. Deja todo en su lugar y lo hace parecer mucho mejor. Además, los breteles son removibles, por lo que también funciona como strapless. Lo encontré para venta en internet, aquí, pero es muchísimo más barato en tiendas. 

II. Taylor Swift — Blank Space.

Hace muchísimo tiempo que dejé mi etapa Disney. Desde que los Jonas Brothers comenzaron a quitarse los anillos y Miley Cyrus le dio el adiós a Hannah Montana, creo. Pero, ay, esta canción... Es tan pegajosa, y el video tan chistoso, que debo decir me ha alegrado gran parte de la semana. Muchas saben que Taylor Swift ha recibido crítica tras crítica por el número de novios que ha tenido (cosa que no debería incumbirle a la prensa, pero ya saben como son los medios sensacionalistas), pero pocas como ella tomarían la oportunidad de soltar un single riéndose de su propia situación. Es como plasmar el hecho de que, en verdad, le importa menos que un comino la opinión de la prensa, ya que no está molestando a nadie, solo viviendo su vida. La he cantado en silencio, a gritos, la he escuchado en la casa, en la micro, en la calle, en la cama y me ha gustado todas las veces. Cada vez que me siento triste la pongo para alegrarme, ¡y funciona! Es más, la acabo de poner de nuevo. Manden ayuda.

III. Sinsajo, parte 1.

La trilogía de los Juegos del Hambre ha sido una de las que más me ha marcado en mi vida. Desde la complejidad de los personajes, la prescencia de la asexualidad, el romance como quinto plano, las revoluciones distópicas, hasta la prescencia de protagonistas con capacidades diferentes; todo eso ha hecho que me enamore de los libros. Por eso, cada vez que voy al cine a ver una de sus adaptaciones, voy con un miedo interior... miedo a que no logren capturar la escencia de los libros. Que es exactamente lo que la prensa ha hecho, prestándole más atención a un triángulo amoroso que a la verdadera idea central, portándose como la personificación del Capitolio. Bueno, dejando esto de lado, les recomiendo mil y una vez esta película: el mensaje está directo, han tomado cada detalle importante y lo han plasmado (aunque se saltaron algunas de mis frases favoritas) y, obviamente, las actuaciones son maravillosas. Vayan, que no se arrepentirán.

Espero que sea una semana maravillosa para ustedes.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Órbita Semanal: #1


Hoy les traigo una nueva sección, Órbita Semanal, que se tratará de pequeñas cositas que me fueron gustando y alegrando durante la semana y quiero compartir con ustedes para que juntas seamos muy felices. La idea era subirlo el Domingo, pero luego de un fin de semana en Olmué haciendo absolutamente nada (aunque comer, descansar bajo el sol y meterse a la piscina cuentan como actividades), comprenderán que quedé muy cansada.

I. Vestido de Graduación.

Cuando tienes dieciocho, eres la hija mayor de la familia, la primera sobrina/prima/nieta/ahijada de salir del colegio y con un buen promedio, tienes otro peso puesto sobre tus hombros: la búsqueda del vestido de graduación perfecto. Hay un talento que llevo a cabo mejor que nadie que conozca: dejar las cosas para último minuto. Por ende, me autoengañé por meses y meses de que aún quedaba tiempo, hasta que ya quedaba una semana para mi graduación y mi mamá me gritaba tres veces por día por el mismo tema. El vestido en sí es muy lindo, me costó $52.000 en una tienda de un paseo conocido por Viña del Mar, llamado Paseo del Mar; no tengo problema en dar el nombre de la tienda, pero el vestido se encuentra agotado. Aunque sea simple, era el estilo que andaba buscando, tiene mis colores favoritos y se encontraba un precio accesible. El viernes será mi fiesta de graduación, así que cuando el alcohol se vaya de mi cuerpo, haré un post contándoles más del vestido.

II. La Oreja de Van Gogh en concierto.

Cuando tenía dos años no caminaba, no sabía sumar ni restar, y tampoco podía ir al baño sola, pero podía cantar 'El 28' de La Oreja de Van Gogh como si fuera el Caballito Blanco. Tanto tocaron las canciones del CD y tanto me las aprendí, que se convirtieron en mi banda favorita, lo que dura hasta hoy, dieciséis años después. He pasado por mis épocas de pop, de metal emo ("odio a la vida y a mi mamá porque no me deja salir"), de hip hop y hasta de regaetton, pero LOVG siempre ha estado ahí para mí. Volver a verlos en concierto, aunque con otra cantante, fue una experiencia hermosa. Varias veces quise llorar, pero pensé que no podía ser tan mamona y me las aguanté; no se puede mostrar la hilacha en el Aula Magna de la Santa María. Ya se fueron de Chile, pero si vuelven a venir, les recomiendo la experiencia. Aparte, los precios son hermosos, hasta alcanza para un churrasco después.

III. Relajo en Olmué.

Fui arrastrada a un viaje en Olmué. No es que no quisiera ir, es que prefería quedarme en mi casa, pero mi papá siempre ha sido inconvencible en este tema: los viajes son familiares, por ende vamos todos. Bueno, que sea lo que quiera ser. Debo decir que me esperaba una cabaña roñosa con más arañas que sábanas, pero fuimos a la casa de un amigo de la familia que era preciosa, y no exagero. Recién construida, con dos pisos de madera, una piscina y un patio gigante (tenían hasta un burro, se llamaba Benito; no estoy molestando). Lo único malo: no había señal. Por ende, tuve que pasar un día y medio sin ninguna conexión a Internet, lo que se presentó como un reto para mí. Debo admitir que, aunque tuve mis ataques de pánico porque no sabía nada del resto de la civilización, disfruté ese rato compartiendo con la naturaleza, los seres queridos y los libros. Creo que todos deberíamos darnos ese lujo al menos una vez por año. Eso sí, avisen dónde van, que a mí se me olvidó y mis amigas estuvieron a un click de contactarse con la PDI.

IV. Abzurdah.

Relacionado con el viaje que relaté antes, me llevé dos libros para acompañarme, aunque solo pude leer uno. Abzurdah es el libro autobiográfico de Cielo Latini, una escritora argentina que relata su paso por la anorexia, bulimia, depresión, los problemas amorosos por una personalidad obsesiva y hasta el intento de suicidio. La primera vez que lo leí debo haber tenido entre 8 y 10 años, y no pude parar de leerlo. Debo admitir que es algo fuerte, que habla sobre estos temas tan importantes sin tapujos y da su versión de los hechos. Cielo Latini no clama estar completamente "curada", porque esas enfermedades son la clase de demonios que te siguen para toda la vida. Si alguien tiene tiempo de sobra y quiere leer un libro real sobre hechos que ocurren diariamente en este mundo, por favor, denle una oportunidad. Juro que no se arrepentirán, y que la historia les quedará dando vueltas en la cabeza por varios días.

¿Cómo estuvo su semana? ¡Espero que bien!